YO que fui enviado, he bautizado por encargo, una Villa con el mismo nombre de la ciudad natal donde creció ese pobre porquerizo avergonzando desde su infancia, que un día soñó conocer el color dorado y terminó cegado bajo el sol. En esta tierra, donde las peñas a lo lejos parecen unirse hasta formar la caligrafía de un mensaje secreto tendrían que habitar los hijos del último sacrificio. Y los hijos de sus hijos en este mar pacífico que al reflejarse con el cielo no se sabe si más allá, primero se termina el horizonte o la luz. Pero nosotros,










